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Relatos de espías

Jaime Daremblum

Edward Snowden, un norteamericano que acaba de cumplir 30 años, se desempeñaba como técnico en la poderosa Agencia Nacional de Seguridad (NSA) estadounidense. Sus antecedentes eran descoloridos, con una educación formal incompleta (no terminó la secundaria) y un breve e interrumpido servicio militar.

No obstante, encontró empleo de bajo nivel en la NSA, en Hawai, y poco después, en la Agencia Central de Inteligencia (CIA). Posteriormente, temprano en el 2013, fue absorbido por la consultoría internacional de Booz Allen Hamilton.

Miles de personas laboran para cada una de esas agencias y en la firma consultora, explicación que los voceros autorizados esgrimen como justificación del desliz jerárquico que posibilitó las infidencias de Snowden sobre el programa de seguridad del Gobierno. Pero este no es el único ejemplo de las inconsistencias burocráticas de esos despachos. No hace mucho que otro joven, Bradley Manning, se aventuró en la jungla cibernética para descargar un gran caudal de comunicaciones oficiales confidenciales.

Lo más notable del caso es que Snowden llegó a dominar los vericuetos de las rutas cibernéticas para lograr acceso a los secretísimos apartados de la NSA, la CIA y otros despachos del conjunto digital norteamericano.

Fue así como el navegante se apropió de valiosa información, calificada de ultra secreta por fuentes oficiales. Este ha sido el más grande programa de espionaje nacional y mundial conocido. Stalin debe estarse regocijando en su tumba.

¿Y para qué el sigiloso recorrido de Snowden? Aquí las opiniones se dividen. Para algunos, el interés de Snowden era perjudicar a su país para vengar un cúmulo de agravios sicológicos. Otros, mayoritarios, sin descartar la motivación vengativa, afirman que fue guiado por los servicios secretos chinos, que lo dirigieron primero a Hong Kong y luego a Moscú.

No menos relevante para analizar este affaire fue que en Hong Kong se le unieron una funcionaria del grupo WikiLeaks, de Julian Assange, y un abogado, además de un ejército de periodistas ansiosos de aclarar los nublados de la historia.

A la altura de la redacción de este artículo (martes 25 de junio) no se ha definido el destino de Snowden. En Moscú, en el aeropuerto internacional, el plan aparente de Snowden es viajar a Cuba y de ahí a Ecuador, donde planea asilarse.

El enfadado presidente estadounidense Barack Obama, ya parece haber tenido suficiente de las discusiones con Vladimir Putin, quien insiste en que Rusia no tiene acuerdo de extradición con Estados Unidos. También ha señalado varias veces que el fugitivo se encuentra en la sección de pasajeros en tránsito internacional del aeropuerto donde, según el jefe moscovita, Rusia no tiene jurisdicción. Últimamente ha dicho que Snowden es un hombre libre y puede ir donde desee. ¡Increíble frescura!

Otra tesis es que Snowden carga algunas sorpresas informativas, pero las sospechas son que ya Beijing extrajo el jugo del secreto portado por el fugitivo. Asimismo, se cree que la prolongada estadía de Snowden en el aeropuerto de Moscú, o en algún sitio secreto cercano, obedece a una entrabada negociación en torno al tamaño del pastel que le corresponde a Rusia.


Es cierto que Ecuador todavía no ha “resuelto” la solicitud de asilo del fugitivo. Sin embargo, la resolución legal que acoge el asilo generalmente es lenta y en nada afecta la decisión presidencial de otorgarlo. A este respecto, ya Ecuador le proporcionó a Snowden un salvoconducto internacional para viajar a Quito y la configuración ideológica del mandatario ecuatoriano, Rafael Correa, perfila una aprobación del asilo solicitado.

Un ángulo derivado de las escaramuzas sobre espionaje es el paralelismo entre Snowden y un caso precedente, el del joven recluta norteamericano Bradley Manning, quien descargó miles de comunicaciones privilegiadas, la mayoría con gobiernos extranjeros. Copias de esta correspondencia fueron entregadas a Julian Assange, quien las hizo públicas por partes.


A raíz de este episodio, Manning está siendo juzgado por un tribunal militar en Estados Unidos. Entre las penas en manos del tribunal está la de muerte. Por su parte, Julian Assange, quien encara una petición de captura por delitos sexuales en Suecia, acabó asilado en la oficina de la embajada de Ecuador en Londres.

Otro aspecto notable de este conflicto es la ganancia publicitaria para China y Rusia, acusadas reiteradamente de “hacking” por Estados Unidos, que ahora figura en los materiales de Snowden como el súper espía de las comunicaciones de estos dos y muchísimos otros países.


La resolución de este choque diplomático tomará tiempo. Entre tanto, el público estadounidense mira con alguna sorpresa las dimensiones del espionaje nacional e internacional del gobierno de Washington. En cuanto a China y Rusia, no es creíble que sus gobernantes se preocupen demasiado por el conocimiento público de este conflicto. Todo lo contrario.

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