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Dormidos en los laureles

Jaime Daremblum

Según el informe Panorama Social 2011 de la Cepal, dado a conocer la semana anterior, Latinoamérica tuvo una pronta reactivación de su producción (4,8% en 2010) y nivel de empleo (0,6%) tras la crisis internacional del 2009. Este logro le permitió mantener la tendencia de reducción de la pobreza e inequidad en la distribución del ingreso de los últimos años.

La pobreza bajó 1,8 puntos porcentuales en el 2010 (12,4 puntos en la última década) en América Latina. Por otra parte, aunque continúa siendo la región más desigual del planeta, se debe destacar que la desigualdad muestra una tendencia decreciente en un importante número de países a partir del 2003.

Otro estudio del Banco Mundial también confirma que, en esa década, en trece países (de 17 estudiados) del área se redujeron las brechas de ingreso.

Para ello ha sido clave la implementación de novedosos programas sociales como las transferencias condicionadas para salud y educación, un manejo fiscal prudente que condujo a superávit fiscal en varias economías, conjuntamente con fondos para el apoyo de la producción. Así, muchos países que han venido actuando con responsabilidad, aprovecharon el favorable entorno internacional de altos precios de los productos de exportación para consolidar avances económicos y sociales que se han prolongado por varios años.

La Cepal, asimismo, proyecta que, en momentos en que las economías más avanzadas están en serios problemas, América Latina crecerá un 4,4% en 2011 y cerca de un 4% en 2012. Esto abre una oportunidad para que los Gobiernos consecuentes profundicen en esas áreas que han generado valiosos resultados, los cuales serán la base para el desarrollo de largo plazo. Eso significa que países de América Latina que hacen bien las cosas seguirán reduciendo de manera sostenida sus niveles de pobreza y desigualdad.

Por su parte, Costa Rica sigue sin lograr un nivel de pobreza inferior al 20% de modo sostenido. Esta alcanza un 21,3% según datos del 2010, lo cual demuestra una debilidad tanto en las políticas de Estado como en los programas propios de cada Gobierno, que se supone deben incidir en las condiciones económicas y las capacidades de las personas para alcanzar mayor calidad de vida.

Calidad de la educación. Las cifras de la región indican que los países de mayor avance realizaron un esfuerzo serio en programas que mantienen a los estudiantes en las aulas. Pero, además de empeñar más recursos, dada la orientación de la economía costarricense, hacia bienes y servicios de alto valor agregado en recurso humano, una de las mayores preocupaciones de las autoridades debería ser elevar la calidad de la educación.

Pese a ello, no vemos al Ministerio respectivo promover esfuerzos significativos en este campo. Los que hay, como el Bachillerato Internacional en colegios públicos, son liderados por iniciativas privadas que el Ministerio más bien obstaculiza. Más aún, Costa Rica ni siquiera cuenta con las evaluaciones de la educación secundaria que realiza la OCDE mediante la prueba PISA, a la cual tienen acceso desde hace varios años países de la región, entre ellos Chile y México, y que proporcionan insumos que pueden utilizarse para mejorar la calidad de la enseñanza pública.

Desde luego, resulta muy difícil reducir la pobreza de manera sostenida si la infraestructura de que dispone el sector empresarial para generar riqueza y empleos, no mejora. Por el contrario, continúa recibiendo las peores calificaciones en las mediciones internacionales. Una vez más, el índice de competitividad global del Foro Económico Mundial 2011-2012 destaca que nuestras carreteras, puertos y aeropuertos se ubican en los últimos puestos entre todos los países evaluados.

Para aquellos que necesiten una segunda opinión, el informe anual del Banco Mundial, Doing Business 2012, que evalúa el ambiente y los atractivos ofrecidos para desarrollar empresas, coloca a Costa Rica en el puesto 121, por debajo de economías vecinas como Nicaragua, Belice, Guatemala, República Dominicana y otras 16 más del área. En la categoría de Apertura de un Negocio, en Costa Rica toma 60 días para iniciar una actividad empresarial, cinco veces más que en los países de la OCDE y más días que el promedio de la región, donde se ubican muchas economías que compiten directamente en la atracción de inversiones.

Por si esto fuera poco, en Costa Rica los delitos contra comercios y empresas se elevaron en un 120% durante la década pasada, al punto que las inversiones en personal y dispositivos de seguridad representan un 5% de los presupuestos empresariales, según estiman cámaras del ramo. Esta es otra razón para señalar que, como se ha expresado en varios medios, la inseguridad asfixia a las empresas costarricenses.

Si cuesta tanto resolver los elementos básicos de la competitividad, indiscutibles en la tarea de generar riqueza, reducir la pobreza e incrementar el acceso a las oportunidades que cierran las brechas de la desigualdad, ¿cuánto más lejanos están los grandes acuerdos que consoliden la mayor competitividad del país de cara al futuro? Tantos indicios acerca del rumbo indeseado no parecieran estar equivocados. Entre tanto, seguimos dormidos en los laureles.

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