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El Futuro del Trabajo

Jaime Daremblum

“Crear trabajos” es la promesa que no puede faltar en el discurso de ningún candidato estadounidense en este año electoral. Esto refleja el drama de que después de tres años de recuperación económica, primero endeble y últimamente más alentadora, todavía el desempleo anda por el 9%, lo cual equivale a que más de 12 millones de personas no tienen trabajo.

“Ocupamos trabajadores” podría ser, sin embargo, el lema de múltiples empresas manufactureras estadounidenses que no logran encontrar los empleados necesarios para llenar las vacantes. “Nunca pensé que este sería el problema que tendríamos”, dijo el gerente general de una compañía dedicada a la mecánica de precisión al Washington Post. Su frustración es compartida por muchos empresarios manufactureros, que tienen más de 600.000 puestos de trabajo sin llenar y narran experiencias de tardar hasta un año para poder reclutar a un empleado que les urge.

¿Cómo es posible que se esté presentando esta paradoja, en particular porque son empleos bien pagados, de que mientras millones de desempleados buscan trabajo desesperadamente, a la vez haya cientos de miles de buenas plazas que son prácticamente imposibles de llenar? La principal razón radica en que, como consecuencia de la acelerada transformación tecnológica, ha surgido una profunda brecha entre las habilidades que tienen quienes buscan empleo y las que se requieren para desempeñar los puestos de trabajo disponibles.

Las fábricas competitivas del presente ya no necesitan operarios que utilicen anticuadas máquinas manuales. Hoy, estas empresas necesitan trabajadores que sean capaces de operar y programar complejo equipo automatizado. Un operario señaló que sus problemas para conseguir empleo derivaban de ese desajuste básico entre sus conocimientos y las demandas del mercado laboral, y por eso se matriculó en un programa de actualización: “en estos días usted necesita tener habilidades técnicas. Cuando termine aquí, la idea es no solo ser capaz de operar una máquina, sino de programarla”.

Reto crucial. Frente a estas demandas planteadas por la evolución tecnológica y su intersección con la competitividad y rentabilidad empresarial, y de las cuales no escapa ningún país, incluido Costa Rica, de poco servirán los meros eslóganes políticos del tipo “vamos a crear más empleos”. De no desarrollarse políticas públicas apropiadas para acometer estos retos cruciales, todos perderemos. Los trabajadores sin calificación estarán condenados al desempleo o engrosar las filas de la pobreza. Las empresas no encontrarán el personal que requieren para ser competitivos. Y la sociedad en su conjunto sufrirá la doble cruz de la pérdida de crecimiento económico con el agravamiento de los problemas de pobreza y desigualdad.

En este sentido, un reciente reportaje del Wall Street Journal ilustraba la magnitud del problema en los Estados Unidos para generar empleos para quienes no terminan la secundaria. El prestigioso diario apuntaba que desde inicios de 2010 más de 1,8 millones de graduados universitarios han logrado incorporarse al mercado laboral, pero que en ese mismo lapso más bien aumentó en 128.000 el número de desempleados entre quienes no terminaron la secundaria. Es decir, la reducción gradual del desempleo en el mercado norteamericano no ha servido para quienes no terminaron el colegio, pues más bien ha crecido el desempleo entre ellos. De hecho, menos de 4 de cada 10 estadounidenses que carecen de título de secundaria tienen un empleo, y los que logran encontrarlo perciben un tercio menos de salario que quienes sí alcanzaron ese título.

Para el caso nuestro, estudios de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) han mostrado que quienes no completan secundaria están en alto riesgo de caer en la pobreza, mientras que quienes completan el colegio no corren ese riesgo. Esto se debe a las marcadas diferencias de ingreso, ya que quienes tienen secundaria completa ganan hasta la mitad más que quienes no la completaron. Y el problema adquiere dimensiones alarmantes dado que nuestras tasas de finalización de la secundaria son mucho menores que en Estados Unidos, ya que apenas logramos graduar del colegio alrededor del 40% de todos los jóvenes en edad de cursar secundaria.

**Renovar políticas públicas.** Integrando las preocupaciones sociales con las de competitividad y crecimiento, resulta evidente la acuciante necesidad de contar con políticas públicas claras y ambiciosas en al menos tres grandes áreas. Primero, es imperativo elevar significativamente las tasas de conclusión de la secundaria por parte de nuestros jóvenes. Plantearse esto como un objetivo nacional, trascendiendo visiones partidarias, es crucial para detener y revertir el crecimiento de la desigualdad registrado en los últimos años y para reducir sostenidamente la pobreza.

En segundo término, y en estrecha relación con lo anterior, se deben fortalecer las opciones educativas de secundaria que facilitan la incorporación al mundo laboral, con particular énfasis en la educación técnica. El país ha venido haciendo lo contrario, por desgracia, pues el porcentaje que representan los colegios técnicos profesionales dentro del universo de la educación secundaria han bajado, cuando deberíamos estar haciendo un esfuerzo por incrementarlos.

Por último, es claro que debe darse mayor énfasis a la capacitación y entrenamiento de los trabajadores altamente calificados que son cruciales para actividades productivas de alto valor agregado y buena remuneración. Es necesario asegurar que el INA y las instituciones universitarias públicas trabajen más integradamente con el sector empresarial para asegurar que se brinden las habilidades que demanda un mercado laboral cambiante, y que cada vez premia más las habilidades tecnológicas y el conocimiento. La capacidad de adaptar las políticas educativas y de formación a estas realidades de la economía moderna es crucial para asegurar la competitividad de la economía nacional y posibilitar los niveles de bienestar socioeconómico a que aspiramos.

Para no acabar sufriendo la terrible paradoja de tener decenas de miles de plazas vacantes que no pueden ser llenadas por millares de personas que necesitan un empleo, es necesario actuar de inmediato para asegurar a nuestros jóvenes las habilidades que demandan los trabajos del futuro.

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