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Cambios Imprescindibles

Jaime Daremblum

Al observar por la televisión los rostros de los caraqueños arremolinados frente a un mercado mayormente desabastecido, vinieron a mi mente las imágenes de prisioneros políticos por todo el mundo.

Desde luego, cada escenario corresponde a diferentes épocas y circunstancias. Pero cuando los seres humanos de distintas generaciones sienten la injusticia de la pena impuesta, sus rostros son incapaces de esconder los temores de un más allá desconocido.

El régimen de Chávez, hoy de Maduro, ha dejado huellas indelebles en una sociedad que hasta hace poco creía en las virtudes salvadoras del petróleo. Con las reservas mayores del mundo, la próspera industria petrolera era abundante para que los pillos de las dictaduras se llenaran los bolsillos y dejaran en paz a los pobres ciudadanos.

Lamentablemente, Chávez ayer y después Maduro se creyeron los tarzanes de la selva mercantilista. Bastó el desplome de los precios del petróleo para poner a pensar a los timoneles en que el jauja se desvanecía. Chávez había tejido una densa madeja de privilegios y regalos con cuenta a los ingresos petroleros. Mas ese jolgorio tan costoso no era posible sostenerlo con las pérdidas crecientes que se chupaban, y siguen chupando, los dueños del circo.

El amigo Jackson Diehl, columnista y director de la Página Editorial del Washington Post, apuntó a “una inminente implosión” en Venezuela.

Con deudas inacabables, como la “hipoteca” de Cuba, y a saber cuántas otras más, la muerte de Chávez trajo a luz la enmarañada situación fiscal y financiera de Caracas y sus lazos con La Habana y una multitud de convidados súbitamente en el aire. Hubo momentos en que Chávez habría podido adoptar políticas más cuerdas, pero no lo hizo, como tampoco su heredero, Maduro.

Venezuela es una nación de 30 millones de habitantes, poseedora de las mayores reservas petroleras del planeta. Ahora, sin embargo, se encuentra en una situación de racionamiento de productos básicos demandados por los ciudadanos, sobre todo, los más pobres. El país, ayer tan acaudalado, sufre de una inflación imparable generada por el desmedido gasto. La inflación anda por los centenares y nadie se molesta por precisarla. El resultado es patético y ahora el millonario del barrio tiene que mendigar comida entre vecinos y deudores.

Muchos especialistas consideran que la salida de Maduro es insoslayable. Ojalá suceda sin sangre, pero todo apunta a que el cambio político será complicado.

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